Robando la joyería
Sábado, 5 de Junio de 2010 por domoindiscreto
Carolina se quedó muda. La puerta de la caja fuerte estaba entreabierta.
Alguien había entrado a robarle mientras ella estaba asesorando clientes en la vidriera del pequeño local de bijouterie fina y relojes de la céntrica galería rosarina.
¿Cómo fue que no vió nada? ¿En que momento ocurrió todo?
Levanto el teléfono acribillada por los nervios. Inmediatamente le contestaba del otro lado del teléfono el Sr. Ramos – viejo vigilador de la empresa, quien no había visto nada desde el monitor ubicado en la casa central a dos cuadras del local.
Pero todavía debía revisar la grabación. Ramos sabía que durante los diez minutos anteriores no había estado sentado en su puesto. Como siempre, Patricia, la dueña de la joyería, lo había reclutado para un mandado. Esta vez era la compra de un triple primavera y un café en el bar de la esquina, apurada y para no esperar al cadete del delivery que tardaba un siglo en llegar.
Cuando al fin pudieron acceder al video – después de recorrer de punta a punta la cinta – encontraron la escena. Cinematográfica. Graciosa…De no ser por los 12 mil dólares en minijoyas que el ladrón había embolsado literalmente en una saca oscura.
Tres veces Carolina salió en pocos minutos hacia la vidriera a pedido de una joven pareja de extranjeros (mexicanos o peruanos insistía ella). Tres veces entró a sus espaldas un apuradísimo compinche que giraba la manivela de la puerta de la caja, hasta conseguir en la tercera vuelta, abrirla y sacar el botín
Carolina estaba sola porque su compañera había tomado su hora de almuerzo.
Alberto Ramos no vió nada on-line, porque su jefa le había encargado comprarle un refrigerio.
Y los tres asaltantes huyeron sin trabas con la saca con rumbo desconocido.
Sin embargo, no todo estaba perdido. En 20 minutos el noticiero de la tele estaba en el local principal entrevistando con sus cámaras a la dueña.
5 minutos después, se emitía por canal abierto el video del hecho.
Casi una hora después, en San Nicolás sobre la autopista, un retén policial detenía un automóvil con tres tripulantes.
El alerta estaba dado y el mismo suboficial de la policía provincial a cargo de revisar el vehiculo, había visto por casualidad la transmisión del noticiero mientras almorzaba.
Los intrépidos amigos de lo ajeno, quedaron detenidos.
Los joyeros fueron felices y comieron perdices.
Este hecho –real con algunos matices cambiados- pasó en la ciudad de Rosario hace ya muchos años
Eran los albores de la video vigilancia. Sin grabación ni transmisión digital. Sin celulares. Sin banda ancha. Sin CD ni DVD.
Todavía la sorpresa era un factor determinante para asaltantes y asaltados y hasta para las mismas fuerzas de seguridad.
Nuestro cliente era un adelantado en el rubro ya que por entonces, las empresas de seguridad electrónica solo instalaban estos equipos en bancos y algunas grandes empresas
Hoy este diseño esta extendido y al alcance de todo el mundo. Es más, algunos pasan por arriba de lo profesional y arman sus propios sistemas como si fuera una cuestión de “bricolaje”
En la vereda de enfrente, quienes quieren pasar por encima de esta defensa, se han aggiornado y también han generado contrarespuestas, y sus herramientas a veces son más sofisticadas que las soluciones de seguridad standard del mercado
De todas maneras, la enseñanza que deja este pequeño episodio sigue vigente. Si la imagen de un hecho se traslada fuera del lugar donde se produce ese hecho, quien participa en el mismo pierde el control que le había generado la acción por sorpresa, ya que no puede saber quién y cómo procesa esa imagen del otro lado de la comunicación
A partir de esta nueva situación el éxito o fracaso de su incursión pasa a depender de otros actores.












