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Robando la joyería

Carolina se quedó muda. La puerta de la caja fuerte estaba entreabierta.

Alguien había entrado a robarle mientras ella estaba asesorando clientes en la vidriera del pequeño local de bijouterie fina y relojes de la céntrica galería rosarina.

¿Cómo fue que no vió nada? ¿En que momento ocurrió todo?
Levanto el teléfono acribillada por los nervios. Inmediatamente le contestaba del otro lado del teléfono el Sr. Ramos – viejo vigilador de la empresa, quien no había visto nada desde el monitor ubicado en la casa central a dos cuadras del local.

Pero todavía debía revisar la grabación. Ramos sabía que durante los diez minutos anteriores no había estado sentado en su puesto. Como siempre, Patricia, la dueña de la joyería, lo había reclutado para un mandado. Esta vez era la compra de un triple primavera y un café en el bar de la esquina, apurada y para no esperar al cadete del delivery que tardaba un siglo en llegar.

Cuando al fin pudieron acceder al video – después de recorrer de punta a punta la cinta – encontraron la escena. Cinematográfica. Graciosa…De no ser por los 12 mil dólares en minijoyas que el ladrón había embolsado literalmente en una saca oscura.

Tres veces Carolina salió en pocos minutos hacia la vidriera a pedido de una joven pareja de extranjeros (mexicanos o peruanos insistía ella). Tres veces entró a sus espaldas un apuradísimo compinche que giraba la manivela de la puerta de la caja, hasta conseguir en la tercera vuelta, abrirla y sacar el botín

Carolina estaba sola porque su compañera había tomado su hora de almuerzo.

Alberto Ramos no vió nada on-line, porque su jefa le había encargado comprarle un refrigerio.

Y los tres asaltantes huyeron sin trabas con la saca con rumbo desconocido.

Sin embargo, no todo estaba perdido. En 20 minutos el noticiero de la tele estaba en el local principal entrevistando con sus cámaras a la dueña.

5 minutos después, se emitía por canal abierto el video del hecho.

Casi una hora después, en San Nicolás sobre la autopista, un retén policial detenía un automóvil con tres tripulantes.

El alerta estaba dado y el mismo suboficial de la policía provincial a cargo de revisar el vehiculo, había visto por casualidad la transmisión del noticiero mientras almorzaba.

Los intrépidos amigos de lo ajeno, quedaron detenidos.

Los joyeros fueron felices y comieron perdices.
Este hecho –real con algunos matices cambiados- pasó en la ciudad de Rosario hace ya muchos años

Eran los albores de la video vigilancia. Sin grabación ni transmisión digital. Sin celulares. Sin banda ancha. Sin CD ni DVD.

Todavía la sorpresa era un factor determinante para asaltantes y asaltados y hasta para las mismas fuerzas de seguridad.

Nuestro cliente era un adelantado en el rubro ya que por entonces, las empresas de seguridad electrónica solo instalaban estos equipos en bancos y algunas grandes empresas

Hoy este diseño esta extendido y al alcance de todo el mundo. Es más, algunos pasan por arriba de lo profesional y arman sus propios sistemas como si fuera una cuestión de “bricolaje”

En la vereda de enfrente, quienes quieren pasar por encima de esta defensa, se han aggiornado y también han generado contrarespuestas, y sus herramientas a veces son más sofisticadas que las soluciones de seguridad standard del mercado

De todas maneras, la enseñanza que deja este pequeño episodio sigue vigente. Si la imagen de un hecho se traslada fuera del lugar donde se produce ese hecho, quien participa en el mismo pierde el control que le había generado la acción por sorpresa, ya que no puede saber quién y cómo procesa esa imagen del otro lado de la comunicación

A partir de esta nueva situación el éxito o fracaso de su incursión pasa a depender de otros actores.

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El robo del milenio”, perpetrado en una casa bancaria del barrio de Congreso en Buenos Aires, reavivó el debate acerca de la seguridad en las entidades financieras y la prensa gráfica recogió múltiples opiniones – de las pobres, confusas y desinformadas informaciones televisivas no vale la pena hablar –

Algunas de estas notas acompañan este artículo.

Nuestra experiencia se remonta al nacimiento de la cuestión, con la promulgación de la primera ley marco, 19.130, en los años 70

Toda esa década y parte de la siguiente, las entidades polemizaron con el estado acerca de su “intromisión” en un tema que entendían privado y en todo caso, a discutir con sus respectivas compañías de seguro

El principal destinatario de la norma era el sistema de alarmas y personalmente me tocó participar en muchas de estas negociaciones, con la banca privada y la estatal y también con los organismos de seguridad en las distintas provincias (la ley en principio se aplicaba solo en Capital federal)

Recuerdo que esgrimíamos en esos tiempos un irrebatible argumento aprendido de los mentores de la legislación:

Si bien bancos y compañías de seguro podían pactar los grados de riesgo y las primas que implicaban las medidas que se tomaban, el Estado tenía una responsabilidad distinta ante la sociedad: Evitar que el dinero de los tesoros bancarios saliera a la calle y se utilizara para fines delictivos, alimentando el circuito de la droga, la compra de armas, etc

En realidad, parte de esos argumentos tenían un destino netamente político cual era evitar que el fenómeno de la guerrilla urbana, se fortaleciera con los recursos guardados en las entidades financieras.

La implementación de las medidas demoró en “nacionalizar” su alcance, pero finalmente derivó la mirada de los ladrones de tesoro hacia objetivos menos resguardados creando nuevas figuras como los distintos modos de secuestros extorsivos

A fines de los 90, un caso de robo con desenlace fatal – el asalto con toma de rehenes de la sucursal del BNA en Ramallo - llevo a la instrumentación de la “segunda ola” de seguridad electrónica en las casas bancarias con la obligatoriedad de instalar Circuitos cerrados de TV en las instalaciones protegidas

Es necesario entonces la intervención del Estado o alcanza con la conciencia de seguridad de los administradores de las entidades financieras

Por supuesto que tenemos opinión definida pero de ello hablaremos en otra oportunidad

Mi relación con la Seguridad Electrónica nace hace muchos años, cuando aún no había cumplido 17 y becado por mi escuela técnica, en mi natal Buenos Aires, comenzaba a dar mis primeros pasos en General Industries Argentina SA, empresa pionera en seguridad electrónica bancaria.

Corría 1968 y la legislación para el sector comenzaba a darle forma a los primeras centrales de interrogación secuencial, que nosotros mismos armábamos en nuestros laboratorios.

Aquellas primeras alarmas inalámbricas, aún se transmitían con equipos a válvula, y sus circuitos lógicos operaban con relés electromecánicos.

Internarse en los cableados de aquellos equipos era por supuesto una aventura tecnológica y alinear mástiles y antenas en los techos de los edificios, una tarea para dobles de riesgo como en el cine

Paralelamente, desarrollaba mi pasión por las matemáticas, primero en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y luego en el Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas, cursando la primer licenciatura en Sistemas que se presentaba en el país (1970/1973)

Sin embargo – y el gusto por escribir este blog no es ajeno a esto – mi pasión por las matemáticas solo tenía parangón por mi pasión por las Ciencias Sociales. Fue así que ya viviendo en Rosario- cursé en la UNR las carreras de Letras y de Historia en diferentes períodos democráticos de aquellos difíciles años.

Aquellos también fueron los años de formar familia y crecer como padre junto a mis hijas primero y mucho más acá junto a mi tercer hijo

A mis hijas las tuve por mucho tiempo como compañeras de ruta y siempre les agradeceré haberme acompañado en las buenas y en las malas con mis emprendimientos.

Al benjamín todavía no lo pude atraer ni a la electrónica ni a la historia, ya que sigue a sus 6 años muy preocupado con sus juguetes

Ya en 1976, formé mi primera empresa de seguridad electrónica fundando un grupo profesional que con los desgajamientos lógicos producto de una historia económica como la Argentina, sigue acompañandome en mi gestión de negocios

Mientras que junto a esas primeras armas empresariales acumulaba experiencia en radiocomunicaciones y alarmas, lo que hoy se llama RSE me llevaba ya en esos tempranos años a participar en entidades intermedias de la comunidad como la Asociación Cristiana de Jóvenes o el movimiento Cooperativo y ya en el último tramo de la década del 80, en el gremialismo empresario a nivel regional, nacional e internacional, incluyendo una inolvidable experiencia becaria en el Japón (The Asociation for Overseas Technical Scholarship – AOTS)

Esa participación culminó en el paso por la gestión estatal – años 90- primero como director del Centro de Investigaciones Tecnológicas de Santa Fe y luego creando la Secretaría de Producción, Promoción del Empleo y Comercio Exterior de Rosario, una de las primeras en el país, siendo elegido para dirigirla como Secretario en 1993 y recorriendo a partir de esa designación un camino de formación irremplazable, mixturado con el conocimiento in situ, de las diferentes experiencias nacionales e internacionales

Durante todas esas etapas, hubo también lugar para otras actividades tan diferentes como la construcción, la radiodifusión, el turismo o la industria de los vinos.

En ese último rubro, caminé 10 años de mi vida pasando del hobby y la difusión de la cultura enófila al armado de un club y a plantar espacios comerciales en gran parte del país.

Sin abandonar nunca el ejercicio de la profesión y desde mediado de los 90 hasta hoy, volcado nuevamente de lleno a la dirección de empresas de seguridad electrónica, el presente me encuentra hurgando en las novedades permanentes que la convergencia de las nuevas herramientas tecnológicas, genera día a día en una de las industria con crecimiento más explosivo en este nuevo siglo

Sin olvidarme de todos y cada uno de los espacios sociales en los que me tocó desenvolverme, los que me educaron y seguirán educándome más allá de lo académico.

BIO

Mi relación con la Seguridad Electrónica nace hace muchos años, cuando aún no había cumplido 17 y becado por mi escuela técnica, en mi natal Buenos Aires, comenzaba a dar mis primeros pasos en General Industries Argentina SA, empresa pionera en seguridad electrónica bancaria.

Corría 1968 y la legislación para el sector comenzaba a darle forma a los primeras centrales de interrogación secuencial, que nosotros mismos armábamos en nuestros laboratorios.

Aquellas primeras alarmas inalámbricas, aún se transmitían con equipos a válvula, y sus circuitos lógicos operaban con relés electromecánicos.

Internarse en los cableados de aquellos equipos era por supuesto una aventura tecnológica y alinear mástiles y antenas en los techos de los edificios, una tarea para dobles de riesgo como en el cine

Paralelamente, desarrollaba mi pasión por las matemáticas, primero en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y luego en el Centro de Altos Estudios en Ciencias Exactas, cursando la primer licenciatura en Sistemas que se presentaba en el país (1970/1973)

Sin embargo – y el gusto por escribir este blog no es ajeno a esto – mi pasión por las matemáticas solo tenía parangón por mi pasión por las Ciencias Sociales. Fue así que ya viviendo en Rosario- cursé en la UNR las carreras de Letras y de Historia en diferentes períodos democráticos de aquellos difíciles años.

Aquellos también fueron los años de formar familia y crecer como padre junto a mis hijas primero y mucho más acá junto a mi tercer hijo

A mis hijas las tuve por mucho tiempo como compañeras de ruta y siempre les agradeceré haberme acompañado en las buenas y en las malas con mis emprendimientos.

Al benjamín todavía no lo pude atraer ni a la electrónica ni a la historia, ya que sigue a sus 6 años muy preocupado con sus juguetes

Ya en 1976, formé mi primera empresa de seguridad electrónica fundando un grupo profesional que con los desgajamientos lógicos producto de una historia económica como la Argentina, sigue acompañandome en mi gestión de negocios

Mientras que junto a esas primeras armas empresariales acumulaba experiencia en radiocomunicaciones y alarmas, lo que hoy se llama RSE me llevaba ya en esos tempranos años a participar en entidades intermedias de la comunidad como la Asociación Cristiana de Jóvenes o el movimiento Cooperativo y ya en el último tramo de la década del 80, en el gremialismo empresario a nivel regional, nacional e internacional, incluyendo una inolvidable experiencia becaria en el Japón (The Asociation for Overseas Technical Scholarship – AOTS)

Esa participación culminó en el paso por la gestión estatal – años 90- primero como director del Centro de Investigaciones Tecnológicas de Santa Fe y luego creando la Secretaría de Producción, Promoción del Empleo y Comercio Exterior de Rosario, una de las primeras en el país, siendo elegido para dirigirla como Secretario en 1993 y recorriendo a partir de esa designación un camino de formación irremplazable, mixturado con el conocimiento in situ, de las diferentes experiencias nacionales e internacionales

Durante todas esas etapas, hubo también lugar para otras actividades tan diferentes como la construcción, la radiodifusión, el turismo o la industria de los vinos.

En ese último rubro, caminé 10 años de mi vida pasando del hobby y la difusión de la cultura enófila al armado de un club y a plantar espacios comerciales en gran parte del país.

Sin abandonar nunca el ejercicio de la profesión y desde mediado de los 90 hasta hoy, volcado nuevamente de lleno a la dirección de empresas de seguridad electrónica, el presente me encuentra hurgando en las novedades permanentes que la convergencia de las nuevas herramientas tecnológicas, genera día a día en una de las industria con crecimiento más explosivo en este nuevo siglo

Sin olvidarme de todos y cada uno de los espacios sociales en los que me tocó desenvolverme, los que me educaron y seguirán educándome más allá de lo académico.

MANIFIESTO

La electrónica del siglo XXI, se mete de lleno en todos los campos de la vida contemporánea, creando nuevas dicotomías a resolver como seguridad vs intimidad o control vs libertad. También abre la polémica entre lo público y lo privado y los recursos que debe destinar la comunidad para la protección de los bienes materiales y la integridad física. Pero lo cierto es que la tecnología ya está al alcance de todos y su utilización o no, deberá ser decidida, según el ámbito de aplicación, por consumidores y ciudadanos.

Este blog quiere contribuir, desde una particular mirada, a un debate que recién empieza.